Miércoles, 17 de octubre 2018 - Diario digital del Perú

Economía de Estados Unidos: el locazo del ocaso


Milcíades Ruiz

Milcíades Ruiz
07/04/2018

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EE UU está llegando a su 242 aniversario de su independencia, con una larga historia negra de pillaje. Siempre depredando, oprimiendo, dominando, abusando, atropellando, sometiendo por las buenas o, por las malas a los pueblos del mundo en nombre de la libertad. Nunca se imaginó que en nombre de su cacareada libertad caería prisionero de sus propias banderas, viéndose obligado a remar contra la corriente para salvarse del hundimiento. Por años consecutivos viene perdiendo patrimonio, lo que significa, perder poder.

En esta situación lo ha encontrado Trump, que alarmado despotrica desaforadamente y lanza manotazos al aire. ¡Nos están robando!, ¡Se están aprovechando de nosotros! ¡No daré plata para este programa internacional ni para otro! ¡Antes que todos, primero somos nosotros! ¡No a los tratados de libre comercio! ¡Fuera los inmigrantes! ¡Haré un muro fronterizo que lo pagarán los mejicanos! ¡Comercio justo sin competencia desleal! ¡Aranceles para proteger la industria nacional! ¡Facilidades para captar inversiones! En ese afán se enreda con su torpeza dando la impresión de ser un loco irracional.

No se da cuenta que al desparecer los migrantes la demanda laboral subirá súbitamente por encima de la oferta, incrementando los costos de los negocios, haciendo perder competitividad a los inversionistas pues no podrían competir con los bajos precios del mercado internacional. Asesta golpes diplomáticos arteros contra Rusia y recibe golpe por golpe. Golpea a China elevando los aranceles a las importaciones procedentes de este país para no seguir perdiendo patrimonio y recibe un golpe de respuesta que lo ha revolcado. ¡A mí, con represalias!

¿Qué cosa? ¿Al tío Sam? ¿Dónde están, Superman, Rambo y todos los superhéroes que luchan por la “libertad” contra rusos y chinos? No pues tío, ahora los abanderados de la libertad que tanto pregonabas son los chinos. La libertad de comercio los está haciendo ricos y son ellos los que ahora pregonan mercado libre. Las guerras mundiales empezaron siendo comerciales. ¿Guerra quieres? ¡Estamos listos! Le dicen del otro lado del planeta. ¡Mira lo que has hecho! dicen los empresarios yanquis afectados, mostrando las rajaduras económicas.

Es que al elevar los aranceles a la mercadería china los precios se elevan automáticamente no solo en los insumos y autopartes de los ensamblajes industriales sino también en los precios que pagarán los consumidores. Las empresas pierden rentabilidad y competitividad a la par que los ciudadanos pierden liquidez en momentos en que se necesita estimular las compras. Pero esto se agrava si los chinos en respuesta elevan aranceles a la importación de productos norteamericanos. Entonces, todos los negocios levantados a costa del comercio con China empiezan a perder dinero, lo que desalienta a los accionistas que optan por retirar su dinero antes de perderlo todo.

En efecto, esta semana los mercados de valores o de inversión en EE UU cayeron inusitadamente 480 puntos. Una corrida de inversionistas que no se veía desde la gran crisis de 1929 al anunciarse los aranceles chinos hasta del 25% a más de cien productos de los gringos en respuesta a la elevación de aranceles en contra por US$ 500 millones anuales, decretado por Trump.

Entre los productos castigados por China están: soya, automóviles y químicos.

Ambos pierden mercado por un mismo valor, pero a China le sobra la plata y a EE UU no. La tercera parte de lo que China le compra a EE UU son productos agropecuarios y los agricultores estadounidenses pagarán las consecuencias. China podrá comprarle ahora a Bolivia, Argentina, Perú y otros países ampliando los lazos comerciales con Latinoamérica, el patio trasero de los yanquis. Pero todo esto es el comienzo de un conflicto mayor en el que Estados Unidos lleva todas las de perder. El ocaso de su hegemonía es ostensible. La correlación de fuerzas en el planeta empieza a cambiar.

Hay un descuadre en la estructura mundial y el desbarajuste crea necesidades de reacomodo. Latinoamérica ya no es la misma, aunque el buitre defenestrado diga que es un “perrito simpático que no da problemas”. En el caso nuestro, existe el legítimo derecho de velar por los intereses nacionales en el manejo de comercio exterior. Pero esto es solo un decir, ya que no existe una política definida y lo que prima son los intereses de importadores como Alicorp que importa alimentos, aunque no se necesiten perjudicando a millones de campesinos. La corrupción en comercio exterior es tan grande como lo de Odebrecht pero todo pasa desapercibido.

Tampoco hay una propuesta definida de parte de la izquierda. Pero en esta reestructuración mundial, ¿Cuáles son las perspectivas para nosotros? ¿Qué futuro nos espera? ¿Qué podemos hacer? ¿Solo mover la colita al nuevo amo? Ustedes que dicen.

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