Martes, 25 de septiembre 2018 - Diario digital del Perú

Perú: Democracia de la corruptela


Milcíades Ruiz

Milcíades Ruiz
01/04/2018

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Gran consternación ha causado en la población peruana la explosión de la corrupción al más alto nivel. Se tenía la certeza del deterioro de la vieja república pero al levantarle el velo hemos podido ver descarnadamente la gusanera que la aqueja y la repugnante podredumbre que hay en todo su organismo. El proceso de deterioro es alarmante y es necesario cortar la infección. No obstante, al designarse un nuevo gobierno, el velo ha vuelto a cubrir la realidad. Se piensa que todo se arreglará cambiando solamente las personas y no, el modelo que ocasiona dicho cáncer político.

Se ha puesto en boga la tramposa palabrita “gobernabilidad” como pretexto para dejar pasar por alto las atrocidades del sistema y en nombre de ella, asumir el comportamiento de “perro simpático que no da problemas”, al decir de PPK. Por lo pronto, el vocero de la bancada de Nuevo Perú, Alberto Quintanilla, según consigna el diario La República del 30.03.18,“subrayó que hay entre los grupos políticos el ánimo de dejar atrás la confrontación para dar paso al trabajo por el bien del país, y que esa nueva voluntad se verá reflejada en el voto de confianza que otorgará a los nuevos ministros”.

“Asimismo, el legislador opinó que el gabinete debe impulsar la reforma política y un diálogo con las bancadas para fortalecer la gobernabilidad. Ratificó la disposición de su agrupación de apoyar al gobierno en temas sustanciales, como la reactivación económica, lucha contra la corrupción y cambios en la normativa electoral y política”.

La moción de la izquierda parlamentaria pidiendo la vacancia del defenestrado presidente gringo, ha culminado triunfalmente pero, no se debería aflojar el empeño tras la derrota del chupasangre. Se ha aprovechado bien las circunstancias para ganar pírricamente apenas un combate de una guerra en que la correlación de fuerzas sigue siendo desfavorable. La derecha está recomponiendo sus fuerzas y la izquierda tiene que seguir golpeándola en los puntos vulnerables.

Pero, ¿qué significa “fortalecer la gobernabilidad? Entiendo que se refiere al fortalecimiento del sistema de dominación que causa estragos en la vieja república. Esta consigna es diametralmente opuesta al de fortalecer el poder popular, en su lucha contra la opresión y la degeneración de los órganos de gobierno. La gobernabilidad de este sistema arroja por quinta vez consecutiva presidentes corruptos. ¿No es suficiente demostración de las fallas del sistema? ¿Es lo que se quiere fortalecer? Esto plantea un deslinde en el seno de la izquierda pues el proceso degenerativo también alcanza nuestras filas.

El fraude electoral a través de filtraciones millonarias para tergiversar la voluntad del electorado ha encumbrado a personas corruptas que han perdido toda legitimidad tanto en la derecha como en la izquierda, aunque nos duela decirlo. Si como consecuencia de este fraude muchos líderes de izquierda se han beneficiado con una curul o cualquier otro cargo público en gobiernos corruptos, lamentablemente también, pierden legitimidad de origen. No solamente las personas sino también, los movimientos políticos que lideran.

En este sentido, el dirigente brasileño Lula no solamente es un corrupto sino también corruptor, pues claramente ha quedado confirmado por Odebrecht, que atendía pedidos del Partido del Trabajo para apoyar campañas electorales en Perú. Las donaciones millonarias son inversiones empresariales como lo manifiestan abiertamente los dirigentes de la CONFIEP. Es que los neoliberales tienen como principio aquello de que “No hay lonche gratis”. Solo es un adelanto a cuenta de (…). La factura se carga a los costos de los proyectos pero la empresa nunca pierde y lo que se invierte en apoyos electorales se recupera por otro lado, con adendas, peajes, etc.

Si como autoridad recibes tres millones de dólares en la forma que fuere, ya estás comprometido. Y si este favor lo retribuyes con reajustes en peajes o, en el costo de los proyectos, no lo sentirás en propio bolsillo porque son números en el papel del contrato pero brutalmente estás endeudando coactivamente a los sufridos contribuyentes que pagarán tu picardía por decenas de años. Nada justifica este daño a la población. Podrán decir: “Yo no tengo nada que ocultar”. “No hice nada ilegal”, “Nunca recibí dinero alguno”, “Yo no sabía, no manejé la caja de la campaña”, etc. Pero todos sabemos que son artimañas y, favor con favor se paga.

En un estudio mundial realizado por “Transparencia Internacional” antes del escándalo ODEBRECHT se hizo la siguiente pregunta a los pobladores de más de un centenar de países, para que en un rango de 1 a 5 calificara a las instituciones por su grado de corrupción (Nada corrupto (1)… Muy corrupto (5) ¿En qué medida percibe Ud. que los siguientes sectores se ven afectados en su país por la corrupción? – Partidos políticos, parlamento, ejército, ONG, prensa, iglesias, empresas privadas, sistema educativo, poder judicial, sector salud, policía, burocracia.

De los 12 sectores mencionados, los partidos políticos tenían el más alto porcentaje de ser percibidos por la población como corruptos, con un promedio de 3,8. Pero en el caso de Perú, los partidos políticos se llevaban la bandera con un puntaje de 4.3, (cercano a muy corrupto) solo igualable por el Parlamento, que precisamente proviene de los partidos políticos*. Sin embargo, todos los partidos políticos y parlamentarios dicen que luchan contra la corrupción. Los corruptos flagrantes también lo decían. ¿Es creíble este decir de los políticos?

No se debería generalizar pero las excepciones son muy escasas. Después de lo sucedido, es probable que la percepción de la población sobre los partidos políticos haya subido a 5 por encima de cualquier otra institución, pues se ha comprobado que casi todos los partidos políticos en el Perú han sido penetrados por la corruptela y han falseado información financiera para justificar gastos de campaña electoral tanto de los candidatos como del partido político en su conjunto. El dinero de la corrupción estaba destinado a la institución y es ella a la que también se debería castigar descalificándola como persona jurídica.

Podrán decir, yo no vi nada sospechoso a pesar de que el dinero corría por raudales frente a sus ojos. ¿No era para preguntarse, de donde viene tanto dinero? No hay peros que valgan y hay que reconocer que la corrupción estaba en el ambiente pero nadie decía nada. Entonces, de aceptarse la premisa de que todos los partidos están contaminados, llegaríamos a la siguiente conclusión: 1. La democracia en el Perú se sustenta en los partidos políticos. 2. Los partidos políticos son las instituciones más corruptas del Perú. 3. Los partidos políticos están descalificados para gobernar el país.

Siendo así, no deberíamos aceptar que los partidos políticos tengan el monopolio del proceso electoral y del poder político, suplantando la representación de los sectores sociales. Hay que acabar con los vientres de alquiler y las vallas de inscripción política. El alto número de firmas de respaldo ciudadano no garantiza para nada que un movimiento político sea representativo. Las firmas se compran. La experiencia descarta este procedimiento. Resulta absurdo conservar el foco infeccioso sin contrarrestar el mal. Tenemos que buscar alternativas de solución al problema.

En esta perspectiva, planteo una renovación del sistema político abriendo al abanico de opciones para una democracia más amplia y equitativa. Una alternativa es acabar con la exclusividad de los partidos políticos y permitir el acceso a otras formas de agrupación social al proceso electoral. Muchos partidos políticos son solo cascarón que solo cobran vida en época electoral. Pero hay organizaciones nacionales centenarias, colegios profesionales, federaciones de trabajadores de cada sector económico, asociaciones empresariales, asociaciones civiles y militares, gremios nacionales e integraciones sociales que sin ser partidos políticos son más representativos que estos.

¿Y Por qué no dejar que las regiones (no los ex departamentos) tengan autonomía política propia para la elección de sus autoridades?

¿Ustedes qué dicen? Nada impide formular sus propios planteamientos. Pero sería de mucha utilidad intercambiar ideas al respecto. En uno de mis libros, “Trazos para una República Equitativa” he tratado este asunto con mayor detalle. Por esta vía tengo que ser breve. Así que, dejo para otra ocasión mayores explicaciones sobre lo planteado.

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