Viernes, 23 de febrero 2018 - Diario digital del Perú

Asalto a mano desarmada en Perú


Eleuterio Rufo Moya Cosi

Eleuterio Rufo Moya Cosi
15 d

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Dicen que con la llegada del papa al Perú se ha hará un milagro, generando miles de puestos de trabajo, ingresos económicos hasta en 180 millones de dólares según Observatorio Turístico del Perú OTP, mientras nosotros sólo hemos gastado 37 millones de soles.

Hay quienes señalan que se hizo una buena inversión, pero, también hay verdades amargas. Nuestro país derrochó 37 millones, o sea, el Papa por cuatro días costó casi la mitad de lo que cuesta la selección peruana. Con ese dineral se pudo construir 5 escuelas para niños pobres en abandono o destinar para la recuperación de niños del trabajo infantil, de la prostitución y la trata de personas en Madre de Dios. En las narices de aquellos niños, el papa Francisco llegaba con una sonrisa ferviente, escoltada por varios aviones; mientras ellas, presas del temor y la pobreza mordían sus tripas, porque el papa les quitó el pan de sus bocas. Y Galeano no se equivocó cuando decía: “El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura”; tuvo mucha razón para pensar de esa manera, pues, ahora vemos que es una cruda realidad. Dicen ser representantes de Dios, cuando en sus ojos nos quitan el pan de la boca y nos roban a mano desarmada nuestras esperanzas de, por lo menos, probar un trozo de pan. Si el papa fuera pobre y llegaría caminando hasta el borde de las cordilleras donde anidan las vicuñas, sin importarle su hambre, su salud, ni su tiempo, juro que caería de rodillas ante él, y ante la iglesia católica; también si todos los curas murieran por nosotros así como Jesús, en la historia que nos contaron.

¿Los niños pobres y la naturaleza habrán recibido algún beneficio por la llegada del papa? Pero, ¿qué clase de familias se beneficiaron? ¿Cómo se beneficiaron? Obviamente, los grandes y medianos empresarios, quienes no son los necesitados; pero según el gobierno dieron trabajo a muchos peruanos sin trabajo. ¿Hubo empleos para los pobres que no ganan ni 10 centavos al mes? ¿Se beneficiaron los niños que trabajan? ¿Cómo se beneficiaron si está prohibido el trabajo infantil? ¿Se generó movimiento económico? Sí, no obstante, para los pobres con cuatro o cinco carros, mientras, aquellos agricultores y ganaderos de los andes, de la selva recóndita y del desierto; quienes al año, ni siquiera logran alcanzar el sueldo mínimo de un mes se muerden sus dedos clamando amor y solidaridad entre cordilleras desoladas, en donde el papa no existe para ellos. A veces, no comen siquiera con tal de alimentar a sus progenitores. El único subsidio es la hoja de coca con la que sustentan sus días y años, para ellos no existen los 37 millones de soles, ni en más de cinco siglos de subsistencia. Por lo menos, un millón por región hubiera sido un alivio para curar las heridas de la pobreza en la que están sumidas y para que sientan que alguna vez un Presidente de la República se acordó de ellos. Para ellos no existen las autoridades, menos el papa, porque en vez de apoyarlos con algún incentivo del dineral que recauda la iglesia católica, los quitan. Si trajeran un pan, caería como una gota de agua entre el desierto para nosotros, balbucean algunos de esos hombres que no conocen ni la forma de un zapato.

Concluyo con esta reflexión de Eduardo Galeano: “La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje…” y yo diría al papa con Dios.

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