Viernes, 15 de diciembre 2017 - Diario digital del Perú

Así manipulan los servicios secretos de EEUU la economía mundial


Sputnik
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El ex sicario económico John Perkins, autor del libro ‘Nuevas confesiones de un sicario económico’ (‘The New Confessions of an Ecnomic Hit Man’, en inglés) contó en una entrevista exclusiva a Sputnik cómo la CIA y la NSA influyen en el sistema económico mundial hasta manipularlo y por qué, a pesar de las amenazas de muerte, escribió sobre ello.

LA CIA Y LA NSA: LAS MANOS QUE MUEVEN LOS HILOS

Perkins trabajó en una consultora estadounidense hasta que descubrió que quienes le habían contratado le hacían el trabajo sucio a la CIA y a la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU (NSA). Algo que descubrió a raíz de los planes de la consultora en América Latina y que sirvió para que dejara su trabajo.

En su entrevista a Sputnik, Perkins explica que la CIA y la NSA operaban a través de la consultora Chas T. Main mediante el Banco Mundial, mediante la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y mediante el mismo Departamento del Tesoro de Estados Unidos, con el que la consultora tenía firmado un contrato de cooperación con Arabia Saudí.

“De forma que la empresa en la que yo trabajaba obtenía dinero de esas instituciones y, a su vez, pagaba por esos trabajos. Nosotros no teníamos contratos reales con la NSA ni con la CIA. Todo se hacía, por cuanto sé, a través de terceros, de intermediarios y subcontratistas”, explica.

Insiste en que nunca tuvo contacto directo con nadie de la NSA o de la CIA, aunque no descarta que algunas de las personas con las que hubiese tratado durante su tiempo en Chas T. Main fuesen agentes de Estados Unidos encubiertos “sin tarjeta de visita”. Apunta a que la persona que le contrató como economista jefe en la consultora “era reservista en el Ejército de Estados Unidos” y que, “lo más probable” es que fuese quien tenía contacto directo con las agencias norteamericanas.

Perkins distribuía los préstamos procedentes del Banco Mundial entre los países en vías de desarrollo creyendo que con ellos se financiaban sus economías y su desarrollo. Pero esos fondos no llegaban a la población y servían a los intereses de la política exterior estadounidense en esos países, normalmente aquellos con suculentos yacimientos de petróleo.

LA TAPADERA PERFECTA

“La NSA, la CIA y demás agencias del mismo tipo a menudo utilizan a las empresas que tienen negocios económicos aquí y allá. ¿Por qué? Porque es una tapadera perfecta. Lo que hacen es utilizar a esas empresas para que, en secreto, trabajen para ellas”, revela Perkins.

Ejemplo de ello es que ni la NSA ni la CIA pagaron a Perkins directamente. “A mí siempre me pagó mi empresa, Chas T. Main”. Y a su vez, esta obtenía el dinero de esas dos agencias para poder financiar este o aquel proyecto en países pobres. De esta forma, revela, el Gobierno de Estados Unidos siempre podía decir que no tenía nada que ver con nada de eso. “Todos actuaban a través de empresas privadas”, señala.

Al principio, explica, estaba seguro de que su trabajo ayudaba a que aquellos países en vías de desarrollo mejorasen sus economías.

“Porque nosotros lo que hacíamos era invertir dinero en ellos para que creciesen. Y, de hecho, crecían, como demostraban las estadísticas. Pero después de un tiempo empecé a darme cuenta de que las inversiones iban a parar a un reducido número de familias adineradas en esos mismos países, a las empresas norteamericanas y, evidentemente, a la misma empresa para la que yo trabajaba”.

Pone de ejemplo el caso de Ecuador y de Indonesia, a cuyos gobiernos se les ofreció dinero con la condición de que lo utilizasen para mejorar las infraestructuras del país únicamente si en ellas participaban compañías estadounidenses como Halliburton o General Electric.

“Y a la vez, la mayoría de la población de esos países, gente pobre y muy pobre, continuaba sufriendo y su situación económica seguía siendo deplorable. Me llevó años darme cuenta de eso y lo supe, en parte, porque hablo un poco de español (…) y cuando iba por las calles de esos países y hablaba con la gente veía lo mal que vivía”.

Perkins acabó dejando su trabajo en Chas T. Main después de saber la verdad.

“ACEPTA LA OFERTA Y NO ESCRIBAS EL LIBRO”

Perkins explica a Sputnik cómo, cuando dejó la empresa, empezó a recibir amenazas de muerte por teléfono, en su correo electrónico y en los de sus familiares. También recibió “una oferta muy atractiva” de otra consultora que resultaba ser de la competencia de la anterior.

“Esa gente me dijo: ‘acepta la oferta y no escribas el libro’. Así que me sentí presionado y al principio escribía libros sobre otros temas. Solo muchos años más tarde escribí ‘Confesiones de un sicario económico’ (‘Confessions of a Economic Killer’), mi libro más conocido”, explica.

Perkins denuncia ahora que las motivaciones de las grandes empresas y multinacionales son sus propios intereses y que ignoran las consecuencias de sus actos. “El mundo está atrapado en un sistema económico y en una guerra constante que lo amenazan”, alerta.

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